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Asaltando Tocadiscos: Copiloto

Conocemos cómo se concibió “Los Puentes Hundidos“, el nuevo trabajo de Javier Almazán, que nos presenta su nuevo single.

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Casi cuatro años ha pasado Javier Almazán gestando “Los puentes hundidos“. Un disco casi conceptual, concebido a fuego lento y algo distanciado del positivismo de su predecesor, el gran “El inicio, el desencanto y el círculo de confianza” (Grabaciones en el Mar, 2011).

Reza la nota de prensa:

“Los puentes hundidos” como idea contraria a “tender puentes”. El aislamiento en uno mismo, la búsqueda de un lugar que ocupar, el enfrentamiento y la aceptación o no aceptación del paso del tiempo, de la renuncia, de la frustración, de la necesidad de adaptarse para sobrevivir siendo razonablemente feliz.

Un disco de finales, de cambios de planes, de insatisfacción. Canciones acerca de cómo encarar la realidad cuando esa realidad no era la esperada. Canciones sobre una generación estafada y su necesidad de catarsis para poder seguir adelante.

Pero hoy conoceremos en primera persona cuáles fueron las influencias musicales que aparecieron durante tantos meses de trabajo. Hoy no solo asaltaremos su tocadiscos, sino que entraremos en lo que se cocinaba en la cabeza de su autor  (llamando a la puerta, que somos muy educados), durante estos meses tan decisivos en la biografía (y discografía) de un artista.

“Malditas Influencias”, por Javier Almazán (Copiloto):

Una de mis mayores aficiones es hablar de música. Disfruto hablando de música. Y cuando digo hablando también digo escuchando a otros hablar de música. Charlas con amigos, con músicos, con amigos músicos, con melómanos, con periodistas, con colaboradores de webzines, con bloggers, con técnicos de sonido, con programadores de salas… Con gente que tiene su propio criterio y gusto, gente que se mantiene continuamente (in)formada. Gente con una curiosidad innata (o educada en una curiosidad crónica) por aprender, por saber, por conocer. Gente que pregunta, que escucha y que habla. Esa curiosidad que es la que divide a las personas en dos grandes grupos; los que resultan interesantes y los que no. Gente de la que puedo aprender y que, además, suelen descubrirme a artistas que desconocía y de los que, a la postre, me he hecho fan.

Me han dado las tantas de la mañana en incontables ocasiones hablando de música. De la música de otros casi siempre. Y de la mía cuando estoy con los músicos y el productor de turno trabajando en algo, generalmente antes de encarar nuevas grabaciones o proyectos. Nunca encuentro el momento adecuado para dejar la conversación (preguntádselo a mi chica).

Pero, amigos, cuando hablar de influencias se entiende como una especie de competición, cuando las influencias son la vara de medir la calidad del que las reivindica, la cosa se me antoja de lo más aburrida y asqueante. Y enseguida se nota. No hay cosa que más pereza me dé en lo relativo a influencias que esa exhibición de referencialidad que, parafraseando a Vigalondo, es como confundir sabiduría con aprenderse muchas citas célebres. Como cuando, al inicio de la fiebre de las descargas (ilegales) alrededor del año 2003, el primo de tu novia enarbolaba como una bandera de conocimiento y status que se acababa de bajar toda la discografía de Dylan cuando jamás se había planteado que existiera vida más allá de las maquetas perdidas de Estopa y que, tanto él como tú sabíais que ni era capaz de decir ningún título de ninguna canción del viejo Bob, ni le importaba, ni jamás lo haría.

¡Qué buena es una buena conversación sobre gustos e influencias! Lo que ocurre es que la cosa cambia cuando en las entrevistas o en un entorno hostil alguien te pregunta por ellas con una intención clara de examen. Es comprensible que se eche mano de otros artistas para ayudar al público que no te conoce a situarte y poder decidir si entras en su ratio de interés o no. En muchas ocasiones es francamente útil y es una gran ayuda. Yo he descubierto a muchos grupos porque me habían dicho que se parecían a tal o cual artista que me gustaba. El uso de referencias para situarte es necesario y fundamental. No estoy hablando de eso (igual me estoy explicando fatal). Estoy hablando de competición, de status, de tontería. Cuando sientes que estás pasando una reválida, como una especie de selección de personal, más que ayudando al público a que intuya a que suena tu música por medio de tus gustos. Por eso en determinadas ocasiones me incomoda cuando me preguntan al respecto de las tan traídas y llevadas influencias. No porque mis respuestas no lleguen al mínimo nivel referencial y arqueológico que el otro espera de mi, sino porque doy por sentado que lo que se espera de mí son influencias estrictamente sonoras y muy concretas. Entonces, como no soy muy consciente de eso, suelo repetir lo que otros (críticos con criterio) me han dicho que les recordaba mi trabajo. Esto es así porque en realidad mis influencias más importantes son invisibles. O, mejor dicho, inaudibles. Por supuesto tengo influencias tan obvias y populares que no es necesario ni preguntarlas ni que las vaya recordando a cada momento. Se caen por su propio peso o por la gravedad.
Que mis influencias más influyentes no son sonoras es algo que tengo clarísimo pero es muy improbable que alguien que no sea yo mismo las detecte. Y son más profundas porque no se oyen ni se ven.

Siempre he admirado, y me han resultado los más interesantes, los artistas que saben reinventarse, que cambian, los músicos que intentan no repetirse, que se aburren rápido, que exploran. Me gustan los grupos que pasan por diferentes etapas estéticas (algo que está totalmente asumido en el caso de los pintores, por ejemplo), que se arriesgan. Me gustan también muchos de los que “nunca cambian” de los “fieles a sí mismos” porque son como volver a casa. Me ocurre, por ejemplo, con Ramones o con Slayer. Yo soy yo y mis contradicciones. Pero, resumiendo, me gusta pensar que pertenezco al primer grupo. Al de los que cambian. Entre otras cosas porque sería incapaz de hacer siempre lo mismo. Me aburriría demasiado.

Quisiera agradecer a Zaragoza Feliz Feliz que me den la oportunidad de explayarme para reincidir una vez más en lo inconexo de mis influencias. Esta vez, con motivo de la salida de mi nuevo disco; “Los Puentes Hundidos”.
Todo lo que viene a continuación han sido algunas de influencias reales y totalmente relevantes a la hora de escribir y grabar este disco.

Bienvenidos a mis oídos, bienvenidos a mi cabeza:

NEU!: “Fur Immer” (NEU! 2-1973)

Me flipan NEU! Podría estar escuchándolos durante horas. Me atrapan totalmente, me hipnotizan. Quizás su primer disco sea el más relevante pero mi favorito es el segundo “2”. Aun escuchándolos hoy en día resultan impresionantes. Cualquiera que conozca a NEU! Y escuche la parte inicial de “Los puentes hundidos” (la canción) sabrá de dónde saque la idea. El ritmo “motorik” popularizado por Klaus Dinger (aunque él siempre quiso que se le llamara “apache beat”) y paradigma del krautrock soportando la tensión de una sola nota donde los arreglos entran y salen y las canciones suben y bajan y no sabes dónde ha sido pero ya ha cambiado… El súmmum. Mis discos como Copiloto no son el lugar adecuado para ciertos devaneos experimentales… Pero ya encontraré esos lugares. Mi cuerpo me lo pide desde hace tiempo.

Brian Eno: (“Ambient 4:On Land”-1982)

Eno es un genio absoluto, un artista total. El tipo que inventó el ambient (y que, por lo tanto, en sus manos no es un peñazo absoluto). Estuve semanas escuchando sus trabajos (no todos por supuesto. Hablo de semanas, no de meses), sobre todo sus discos en solitario, los más alejados del pop. En un principio “El miedo” iba a ser mucho más Eno-ambient y muy larga… Pero para que esa idea tiene funcione tienes que ser Brian Eno… O poder contratarlo como productor. Y no era el caso.

Lou Reed: “How do you think it feels” (Berlin-1973)

Descubrí tarde este disco. Quiero decir que antes me sumergí en “Transformer”, en “New York” o en “Magic and Loss” que eran los que me tocaban por popularidad o por momento histórico de aprendizaje. Pero la profundidad y riesgo y visceralidad y riqueza que encontré en “Berlin” hicieron que pasara a ser mi disco favorito de Lou Reed. La audacia de sacar “esto” tras el exitazo de “Transformer” es francamente inspiradora. Lo que uno quiere hacer debe estar por encima de lo que otros esperan de él. Si nadie, aparte de sí mismo (y quizás Bob Ezrin), lo vio claro no pareció importarle. Esa forma de hacer las cosas sí ha sido una influencia.

Respecto “How do you think it feels” en concreto, primero mortifiqué a Javi Polo con la batería de la canción para que adoptara el rollo que le da Aynsley Dunbar. Esos breaks introductorios, y los de Ringo Starr en la segunda parte de “God”, nos sirvieron de guía para la batería de “Fulminado” (siempre respetando la personalidad de Javi, que para eso estaba él y no otro). Afortunadamente “Berlin” es uno de los discos favoritos de Paco Loco, así que sólo tuve que comentárselo para que se volcara en el arreglo.

Blur: “Death of a party” (Blur-1997)

Otro disco de cambio, de ruptura con lo anterior. Mucho más oscuro y huyendo de los singles accesibles de antaño (salvo “Song 2”, claro), un Coxon en estado de gracia y un Albarn hipertalentoso y siempre con una gran melodía escondida en la manga, hicieron la que para mí es su gran obra (“Parklife” quizás sea mejor, pero “Blur” es mi preferido). Lo tengo en cuatro ediciones diferentes, no os digo más. Estudié hasta el orden de los temas. Cómo equilibran el disco, cómo nos “cuelan” las canciones más rarunas agazapadas detrás de otras con unas melodías de voz gloriosas. No os lo creeréis, pero siempre paso “Song Two”, no me interesa, es un meritorio superhit pero no lo necesito para disfrutar del disco. La guitarra de “I’m just a killer for your love” es magistral (ese arrastrado apoyando al bombo…), al igual que todo el tratamiento que reciben las acústicas en “You’re so great” (ojito al solo con slide). La influencia está en el valor y en las letras sobre agotamiento, sobre el día después, sobre el final de los años locos, de la postadolescencia estirada hasta el límite, sobre la resaca que marca el verdadero fin de la fiesta.
Así lo escucho yo.

John Lennon: “Isolation”+”Remember” (Plastic Ono Band-1970)

Otro fin de fiesta. El sueño se ha acabado. Necesito hablar de mí y de lo que me rodea. No necesito más letras inofensivas o surrealistas, encaremos la realidad. Nuestra realidad. La de cada uno. Me siento solo, aislado. Puede que lo tenga todo pero necesito algo más y eso que busco lo tengo dentro y tengo que sacarlo. Y una parte de eso la tengo que sacar para mirarla fijamente, demostrarle quien manda y poder arrojarla lejos de mí para así no tener que volver a sufrir por ello nunca más. Catarsis. Grito primario. Liberación. Punto y aparte. Un antes y un después. Canciones hechas con el estómago. La banda base; una batería (Starr), un bajo (Voormann) y Lennon, grandioso, tocando y cantando como nunca, imposible estar más comprometido con uno mismo. No es que sea una influencia, es que debería ser una obligación. La producción la firma Phil Spector aunque Ringo dice que nunca le vio por allí y yo le creo (quitando el piano introductorio de “Love”). Las tomas de algunas de estas canciones incluidas en “Demos” (dentro del “cubo blanco” de Lennon) son muy recomendables.

Weezer: “Pink triangle” (Pinkerton-1996)

Weezer, sí, exacto. Rivers Cuomo es un gran autor (además de un muy notable guitarrista de educación heavy metal ochentero. Kiss es una de sus bandas favoritas). Deudor confeso de Brian Wilson. Weezer, sí. Weezer lo petaron con su álbum de debut (El “Blue álbum”) de la mano de hitazos como “Buddy Holly”. Super ventas, supergiras, superpasta, supersexo, superdesfase… La historia de siempre. Todo llevado al límite rodeando a un nerd hipersensible que decide hablar sobre los desastres de vivir esa locura y asimiliarlo bastante mal. Otro disco atípico dentro de una discografía que va por otros derroteros, otro superbajón de ventas, otro “disco incomprendido”, otro disco autoproducido, otro fracaso… Otra maravilla. Áspero, estridente, disonante, afilado… Otro LP “sin singles”. Otra obra no esperada. No sé por qué me gustan tanto este tipo de discos. Será algún complejo, alguna disfunción.
Cinco años tardó Cuomo en recuperarse anímicamente del golpe. Y bien que se recuperó. El “Green album”. “Island in the sun” etc etc etc. Y ya sabéis, volvió a petarlo. Pero eso ya es otra historia. “Pinkerton” es una joya aislada.


Los Puentes Hundidos” se publicará vía Grabaciones en el Mar el próximo martes 14 de Abril en formato vinilo + cd.

Producido por Javier Almazán, Pablo Malatesta, Paco Loco y Rafa Domínguez.

Más info en su web: www.copilotonoexiste.com/

Fotos: Gustaff Choos

2 Comments

  1. Nieves Corleone

    Se agradecen publicaciones así, ¡muuuuuy guay!

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  1. ‘Los Puentes Hundidos’ de Copiloto | zaragozafelizfeliz

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